Deja atrás el pasado. Cualquier resentimiento que guardes del pasado contra tu hermano, suéltalo. Si creías que tus padres favorecían a tu hermano o viceversa, aborda el tema y entablen una conversación sana y objetiva sobre sus infancias. Puede que asumas que tu hermano es de una determinada manera basándote en la impresión que tienes de él desde la infancia.
No solo se reúnan en fiestas familiares. Un contacto regular con tu hermano puede facilitar el acercamiento y hacer que se impliquen más en la vida del otro. No te limites a verse en reuniones familiares, bodas o festividades. Procura ver a tu hermano, ya sea para tomar un café o comer, como medio de comunicación frecuente entre los dos.
No te compares. Comprende que cada persona es diferente, sobre todo cuando se trata de elegir. Tanto si crees que tu hermano mayor tiene más éxito que tú como si no, recuerda que no tienes por qué seguir el mismo camino que él. En lugar de eso, reconoce las diferencias y los logros de cada uno, y célbralos juntos.
Puede que no lo creas, pero como en cualquier relación —romántica o platónica—, tus hermanos también necesitan reafirmaciones, y verbalizarlas les hace sentirse más apreciados y cuidados. Puede que creas que es obvio que les quieres, pero posiblemente ellos no sientan lo mismo. Envíales un mensaje de texto, llámalos, escríbeles una nota diciéndoles que les quieres y te preocupas por ellos.
Trata a tu hermano como trataría a un amigo. Llámalo para platicar sobre cualquier cosa o desahogarte, reúnete con ellos más a menudo, habla de los objetivos de cada uno —carrera y vida—, hagan viajes juntos y manténganse involucrados en sus vidas. Aunque no todo el mundo es receptivo, está interesado o es capaz de mantener una relación, puedes adaptar tus esfuerzos a cómo sea tu vínculo y ecuación con tu hermano. A veces, basta con aparecer y ser cariñoso o amable.