El primer paso es aprender a identificar lo que sentimos. Técnicas como el mindfulness o llevar un diario emocional pueden ser de gran ayuda. Por ejemplo, dedicar cinco minutos al día a escribir lo que hemos sentido nos permite aclarar nuestras emociones. La asertividad implica expresar lo que pensamos o sentimos de manera clara y respetuosa, sin atacar ni ceder ante los demás. Una técnica útil es el uso de frases en primera persona: En lugar de decir: «Nunca me escuchas», opta por: «Me siento ignorado cuando no me prestas atención.» La psicología clínica ofrece espacios seguros para trabajar estas dificultades. Un profesional puede ayudarnos a explorar nuestras emociones, superar bloqueos y aprender nuevas estrategias para comunicarnos mejor. El arte, en todas sus formas, es una poderosa vía para canalizar emociones que no podemos poner en palabras. Dibujar, pintar, escribir poesía o incluso bailar puede ayudar a exteriorizar sentimientos de una manera simbólica y terapéutica. Compartir nuestras emociones con amigos de confianza o familiares cercanos es un buen punto de partida. La práctica constante nos da confianza para aplicar estas habilidades en otras relaciones.