Una relación sana es esa en la que se fomenta el respeto mutuo, la comunicación y la confianza. En ella, los miembros de una pareja se valoran mutuamente y se sienten libres, pero eligen compartir sus vidas y formar un equipo para lograr metas comunes. En cuestión de intimidad, tanto emocional como física, en una relación saludable cada uno respeta los límites del otro, dándose un win to win, es decir, ambos se suman y “salen ganando”. Y es que, en una relación sana de pareja, los miembros se sienten felices tanto individualmente como en conjunto. Eso sí, esto no significa que todo sea perfecto, pero, en caso de generarse conflictos, la pareja tratará de encontrar la mejor solución de forma respetuosa, deliberada y constructiva.
Mantener una relación sana requiere esfuerzo y compromiso por parte de las dos personas implicadas. Sobre ello, la comunicación, la libertad, el respeto, la confianza y compartir tiempo juntos son claves para lograr una buena relación de pareja. El diálogo es la base para mantener una relación duradera a la vez que se conoce continuamente a la otra persona. Si se le da importancia a este factor, seguramente las discusiones se convertirán en algo constructivo y de valor para ambos. Se trata de comentar el punto de vista de cada uno, sin reprochar ni acusar, con el único objetivo de llegar a un acuerdo beneficioso para los dos.
El respeto y la confianza, junto con la comunicación, son los motores de una pareja saludable. Lo cierto es que sentir amor por otra persona significa respetarla y confiar en ella, por lo que los celos quedarían fuera de esta definición y, de hecho, al contrario a lo que se tiende a pensar, ponen en riesgo la calidad y la durabilidad de una relación.