Escuchar sin juzgar: Cuando te limitas a escuchar sin emitir juicios ante lo que tú hijo te refiere, tienes la posibilidad de ampliar tu visión, siendo así, más sencillo comprender lo que él te quiere decir.
Prestar atención y mostrar interés: muestra tu mayor disposición cuando tú hijo esté hablando contigo, ya que, esto propicia un aumento de confianza hacia ti y estimula el sentimiento de estima, respeto y comprensión.
No interrumpas mientras te hablan: Debes permitirte escuchar primero lo que tu hijo tiene que decir, así, reconocerás realmente lo que está pasando, y de esta forma eliminas la posibilidad de suponer lo que ocurre.
Reconoce las fortalezas de tu hijo: Esto propicia un mayor acercamiento entre ambos, ya que, cuando logras identificar, reconocer y al mismo tiempo recompensar las fortalezas, cualidades y logros de tu hijo, permites que él sienta la preocupación y el interés que tienes por ellas.
Procura dar opiniones constructivas: Esto le permite a tú hijo adquirir mayor conciencia y tener otro punto de vista de lo que te está comentando.
Negocia y comprende las diferencias: Tus hijos son distintos a tí, y cada uno es único a su manera, muchas veces va actuar de forma distinta ante la vida, que puede coincidir contigo o no, se paciente y tolerante, brindarle también la posibilidad de adquirir nuevas experiencias y conocimientos a su manera.
La empatía se basa en el conocimiento de reglas morales y actuar de acuerdo a lo que dictan dependiendo de cada persona, pues existen personas que de manera natural pueden identificar con facilidad el estado emocional de otros y hay quienes no.
La empatía puede desarrollarse, mostrando un modelo auténtico de estima, comprensión y fineza de trato hacia nuestros hijos.
Pero no es suficiente sino se logra identificar en sí mismo las propias emociones, obediencia y exigencia que nos pertenece también como hijos.
Al ser padres sensibles, comprometidos, que propicien un ambiente sano, seguro, con bajos niveles de tensión, sin dejar de lado el cultivo del respeto mutuo, estaremos potenciando una relación saludable, en el presente y futuro, con nuestros hijos.
Así como también, estaríamos aportando a la regulación emocional de nuestros hijos.
Recordemos que esta se aprende en la infancia y en el seno de la familia, siendo el contexto más importante en donde se forjan las competencias emocionales de los niños.
Los padres tienen un papel clave en el desarrollo de aptitudes sirviendo de modelo de sus hijos, pues las interacciones emocionales con el cuidador, además de fomentar el desarrollo emocional del niño, influyen en la maduración de las partes del cerebro encargadas de la conciencia y regulación emocional.
El sentirse estimado, respetado y aceptado favorece la ejecución de conductas adaptativas y positivas.