Reconoce su valentía. Un lugar desde el cual, sentimentalmente, se está mucho más expuesto que de costumbre. Valida su emoción. Aceptar una emoción es el primer paso para poder trabajar sobre ella. Primero de todo debe ser reconocida, y para ello es fundamental que a la persona de enfrente le llegue el mensaje de “puedes sentirte así y puedes compartirlo aquí conmigo”. No intentes animarla en ese mismo momento. La persona no llega a sentirse comprendida sino incluso culpable por no ser capaz de experimentar en ese momento ninguna emoción de aquellas que definimos como “positivas”. Por eso remarcamos la necesidad de validar las emociones del que las sufre, porque reflejarlas – exactamente igual que un espejo- nos ayuda a comprenderlas. No trates de relativizar en ese preciso instante. Eso es algo que conscientemente, ya sabe todo el mundo. Ofrece tu ayuda sin invadir su espacio. Es fundamental que la persona que te ha manifestado tristeza/frustración/etc comprenda y sienta que estás ahí, y que puede recurrir a ti si lo necesita. Muchas veces, con la percepción de gente que te quiere alrededor, es suficiente. Aprende a regular la expresión emocional. Todos/as tenemos nuestras batallas y son igual de válidas. La expresión emocional puede regularse –con el tiempo- sin llegar a ser inhibida, haciéndole sentir a la persona en una relación de seguridad y confianza.