El amor y el odio comparten una misma región cerebral. Esto explica por qué a veces odias a esa persona que amas con toda tu alma. Hay veces en las que parece que amas y odias a tu pareja y esa contradicción te desespera. Es normal mirar a veces al ser amado y experimentar aversión por él.
A la gran mayoría nos es conocida esta sensación. Sin embargo, es muy probable que al pensar en ella, nos venga a la mente todas esas ocasiones en que nos hemos enfadado con nuestra pareja.
Una discusión acalorada, un malentendido puntual o un choque en nuestros caracteres puede hacer que afloren momentáneamente esos sentimientos de valencia negativa. Ahora bien, lo cierto que es que también es posible experimentar esos sentimientos contradictorios sin que la otra persona haya hecho nada.
Basta con reflexionar en que la vida de uno sería menos complicada si no estuviera enamorado o que se han hecho demasiadas renuncias por esa relación.
Así, hay algo que es prioritario entender para desarrollar al máximo nuestra inteligencia emocional. Debemos aprender a aceptar nuestros sentimientos contradictorios porque también ellos forman parte de nuestro repertorio emocional.
Ese entramado complejo de sensaciones, percepciones y emociones contrapuestas y caóticas también nos hace humanos.
La excitación neurológica que generan es muy intensa y al procesarse en unas mismas áreas cerebrales, hace que en un mismo momento, podamos sentir por alguien ambas emociones.
Recordemos que a veces podemos incluso odiarnos a nosotros mismos.
El ser humano se define por esa contradicción constante que va del afecto al desafecto, de la pasión a la aversión, pero por lo general son experiencias puntuales y efímeras que no alteran la propia identidad o autoestima.
Cuando amas y odias a la vez a tu pareja, el dolor de la disonancia cognitiva.
Nadie te dijo que cuando amas y odias a la vez a tu pareja es un proceso perfectamente normal.
Es necesario que racionalicemos dichas situaciones y aceptemos los sentimientos encontrados.
Asimismo, se da otro hecho.
En las relaciones humanas, los sentimientos ambivalentes son efímeros, es decir, esa sensación de contradicción dura muy poco.
Y por lo general, el amor siempre prevalece.
La emoción del odio es volátil y desaparece como el humo que se escabulle por una ventana abierta.
No somos perfectos y nuestras emociones tampoco.
Cuando amas y odias a la vez a tu pareja tomas conciencia de que no es ese ser ideal y perfecto que pensabas en un inicio.
Ni lo es la otra persona ni tampoco lo eres tú.
Todos tenemos nuestra personalidad, manías, virtudes y defectos y a veces chocamos.
Sentir pasión y desafecto a la vez es un modo de descubrirnos, para después trabajar esas pequeñas diferencias y alcanzar la preciada armonía.
Al fin y al cabo, el amor es vivir en una noria emocional que va de la admiración al despecho, de la fascinación a la rutina, de la ilusión al disgusto.
Pero hay algo que siempre prevalece y es el cariño, la comprensión, el cuidado, la empatía.
Aprendamos por tanto a aceptar que nada define al ser humano como la ambivalencia puntual, la contradicción efímera.