Si bien se puede hacer una clasificación de las exhibiciones de arte por su temporalidad, permanente o temporal, o por su contenido, temáticas, generales, antológicas, monográficas, conmemorativas, o lúdicas, en la concepción del objetivo está el corazón de su razón de ser.
Exhibición como comunicador de conceptos: Esta exhibición nace de una idea, una teoría o un mensaje muy específico que se quiere transmitir al público y este concepto que engloba todo es su objeto principal.
Exhibición inmersiva: Evoca o expone un momento o hecho en específico del cual se quiere hacer parte al espectador.
Exhibición centralizada en el objeto: En esta exhibición el objeto central son las obras de arte que se encuentran dentro del lugar de exhibición.
Exhibición centrada en la interacción: En este tipo de exhibiciones no es la idea, ni el concepto, ni la obra en sí los objetos que buscan cautivar, sino que la intención está en la reacción e interacción que el espectador tiene con el espacio.
Exhibiciones híbridas: Si bien toda exhibición nace de una intención o un objetivo final que hace que categorizarlas por sus tipos y modelos sea pertinente, una exhibición de arte puede tener distintas razones de ser sin necesidad de aferrarse a una en específico.
Entender una exhibición va más allá del valor estético que esta tenga: el saber cómo nos relacionamos con ella nos lleva a involucrarnos, pues saber que el espectador hace parte de esta sea directa o indirectamente es fundamental, por eso se debe tener siempre presente que como público ante una exhibición se está contribuyendo al crecimiento artístico de un lugar.