Dedícale un tiempo diario para hablarle y escucharle.
Háblale de cosas que le interesen procurando el intercambio comunicativo, que te dé su opinión.
Demuestra que le estás escuchando, mirándole a la cara cuando nos intente explicar algo siempre que sea posible, y si te pilla en alguna situación en la que no puedes hacerlo, por ejemplo, conduciendo o haciendo la comida, dile que le estás escuchando aunque no le estés mirando.
No uses preguntas cerradas, o sea, no utilices preguntas en las que sólo tenga que contestarnos con sí o no, porque detienen la comunicación.
Agrégale lenguaje al suyo, es decir, alarga sus expresiones añadiendo información para continuar la comunicación, haciendo que entienda que no nos conformamos con que se exprese solamente con gestos, monosílabos o palabras sueltas.
Pídele respuestas claras y desarrolladas que eviten los monosílabos.
No seas demasiado correcto y exigente, pues podríamos crear inhibición verbal en el niño.
No respondas por él, dale tiempo para que se exprese libremente.
Que se sienta cómodo, relajado y seguro al expresarse.
Muéstrale libros de dibujos, y léele cuentos, o haz que nos lo lea, haciéndole preguntas sencillas sobre ello para conversar juntos.
Tienes que hablarle claro, despacio y correctamente, pronunciando todas las letras que formen las palabras, sin dejar palabras a medio porque se den por supuestas.
Evita el uso del lenguaje infantilizado, y no imites su forma de hablar.
No le interrumpas nunca cuando esté hablando para corregirle.
Refuerza de manera positiva su forma de hablar correcta.
Aprovecha cualquier situación o circunstancia, de forma natural, para conversar y ofrecerle vocabulario, nuevas expresiones, por ejemplo en la cocina, al poner la mesa, al hacer la lista de la compra, al vestirnos, de paseo por las tiendas….
Comenta cada objeto del entorno que veamos que llame su atención, explicándole cómo se llama, para qué sirve, etc.
Ayúdale a que construya bien las frases haciéndole preguntas del tipo: ¿cómo se llama…? o ¿dónde está?
Despierta su curiosidad creando nuevas oportunidades y nuevos contextos para que explore nuevas situaciones y así aparezcan distintas expresiones en su lenguaje.
Resulta positivo invitarle a la comunicación con otras personas, siempre que no le obligues a ello, y también que adquiera ciertos compromisos sociales tales como pedir algo a una persona, darle un recado por teléfono a un familiar, etc.
Evita las comparaciones con otras personas del tipo “mi hijo empezó a hablar antes” o “en su clase hablan mejor”.
Tenemos que recordar que cada persona es única y que su evolución y tiempo de maduración nunca es idéntica a la de otros.