Las relaciones familiares pueden despertarte emociones muy potentes y pueden ser uno de los desencadenantes de ansiedad, depresión u otros síntomas que influyen negativamente en tu bienestar. Si no te sientes a gusto en un entorno familiar, puedes experimentar sensaciones de inadaptación o falta de pertenencia al grupo, y tu autoestima y estado de ánimo pueden verse gravemente afectados.
Si algún familiar ejerce algún comportamiento dañino sobre ti, y ya has agotado todos los intentos de solucionarlo, lo más inteligente es no seguir exponiéndote a esta violencia, sino alejarte y dejar un espacio que te permita preservar tu equilibrio emocional.
Recuerda que tú no eres eso, que dos o tres personas dicen sobre ti. No des por buenos esos comentarios dañinos que te afectan a nivel emocional.
Pon límites cuando sea necesario. Ser prudente no significa callarse siempre. Si te atacan, es importante que pongas límites de forma asertiva.
Ten en cuenta que no tenemos el poder de cambiar al otro, y que a veces, aunque seas asertivo, el otro puede seguir actuando de la misma forma.
Céntrate en ti, practica la aceptación y el autoconocimiento.
La rabia y la ira son un paso en el proceso, pero no te sirven para vivir con tranquilidad.
No intentes forzar las relaciones por el simple hecho de ser familia, si te fuerzas a querer a la familia que te trata mal, aprenderás que el amor es maltrato.
Construye relaciones honestas y sinceras con las personas con quien te sientas a gusto, independientemente de que sean o no tu familia oficial.