La clave es lo que ella llama “rigidez”.
La rigidez o inflexibilidad es todo lo contrario.
De acuerdo con las definiciones que comparte la experta, podemos entender este hábito como el de cualquiera que es incapaz de “ver el punto de vista del otro”, de ponerse en su lugar, de “tomar ese punto de vista en consideración y responder de una manera que comunique conexión”, es cuando alguien se niega a ceder a favor de la opinión de otra persona aunque tenga razón.
Lo diferencia explícitamente de cualquiera que pueda ser terco o difícil, ya que Baratta entiende que en esos dos casos alguien, aunque con trabajo, puede acabar entendiendo el otro punto de vista e incluso adoptarlo.
Pero una persona inflexible nunca lo hará, y eso es un gran problema porque así es imposible que una pareja pueda llegar a acuerdos.
Bueno, podría ocurrir si es la otra mitad la que cede, pero entonces no sería un entendimiento sino una obligación, porque esa persona tendría que hacerlo una y otra vez para seguir adelante.
Es por ello que acaba siendo el hábito que más relaciones rompe, ¿quién podría vivir siempre así?