Dar fechas estimadas para la duración de una intervención o terapia es extremadamente difícil, porque cada niño/a y familia realizan su propio proceso, partiendo de un lugar para querer llegar a otro.
El alta no llega al final de año, cuando llega el verano o después de un número preestablecido de sesiones, el alta llega cuando la familia ya no sabe que objetivos marcar porque no surgen preocupaciones relevantes.
Cuando el/la niño/a y su entorno han adquirido las habilidades y apoyos necesarios para seguir adelante sin el asesoramiento directo de su terapeuta.
El momento de dar el alta es cuando el niño o la niña puede disfrutar de sus actividades del día a día sin que supongan un estrés o desafío tan grande, que sea incapaz de aprender de ellos.
Que un niño/a reciba el alta, finalizando su proceso de terapia, significa que tiene las herramientas necesarias para afrontar los retos que le surjan en las áreas más significativas de su vida.
Es la conclusión de meses o años de trabajo, donde los objetivos, ya sean los iniciales o aquellos que han ido surgiendo con la consecución de los primeros, han sido alcanzados, no encontrando la familia nuevos retos relevantes en la participación de su hijo/a en el día a día.
Nunca hay dos procesos iguales, porque no hay dos niños/as con las mismas necesidades y circunstancias de vida, por ello no hay una única intervención donde poder poner fecha de inicio y final.
Los objetivos, fortalezas y retos que afronta cada familia serán la clave.