El síndrome de la hermana mayor ha ocupado gran parte de la conversación en Twitter y TikTok durante el último mes, y aunque no hayas oído hablar de él, puede intuirse con facilidad su significado… en especial, si eres mujer, tienes uno o varios hermanos pequeños y ninguno mayor que tú.
Es mi caso, y a decir verdad, ser la hija mayor supuso, básicamente, cuidar de mi hermana pequeña y allanarle el camino durante más de veinte años –desde que nació hasta que dejé de convivir con ella y mis padres–.
Una responsabilidad que, en determinadas circunstancias, puede fomentar el síndrome de la hermana mayor en la edad adulta; está demostrado: pasarlo mal no te hace más fuerte, pero tiene consecuencias.
¿He desarrollado el síndrome de la hermana mayor con el tiempo?
No estoy segura, aunque sé que comparto muchos de sus rasgos…
“Este síndrome responde a una madurez temprana", comienza a explicar Inma Brea.
La experta considera un par de factores claves para que el síndrome de la hermana mayor se desencadene.
En segundo lugar, la coach también destaca haber observado "que algunos padres preparan a sus hijos mayores –principalmente hijas– para que sean sus cuidadores en la vejez, creando vínculos excesivamente dependientes y con cierta manipulación emocional”.
Esto último conecta directamente con la tendencia a hablar de este síndrome en femenino.
“Estas personas son excesivamente responsables, perfeccionistas y autocríticas; con tendencia a poner sus necesidades en segundo plano, al sacrificio y dificultad para poner límites”, apunta Brea.
“Básicamente, se trata de aprender a poner límites y decir ‘no’; no solo a los demás, sino también a nosotros mismos.