Entre los 5 y los 7 años, los hermanos compiten por acaparar toda la atención de los padres. Son conscientes que hay que “repartirse” a papá y mamá, pero no aceptan llevarse solo una parte, necesitan el todo. Cuando dos hijos se llevan pocos años entre ellos, ambos quieren y necesitan llamar la atención de los padres. Es algo normal, “existe y es innato, viene de serie, porque a los niños no les gusta compartir”, opina la psicóloga Begoña González Aguilar, que añade: “Lo que sería extraño es que no se pelearan, que no existiera esa rivalidad entre dos hermanos”. Según González Aguilar, reaccionar gritando no es una buena opción. Hay que animarles a resolver sus conflictos de una manera que los dos salgan beneficiados, porque si nos ponemos del lado del uno o del otro estamos reforzando esa conducta. La competición por acaparar la atención de los padres desaparece con la edad, a medida que el niño se va haciendo mayor. La rivalidad va muy ligada a los celos porque cuando son pequeños “ven al otro como un rival”. El problema aparece cuando un niño o niña de más de 10 años sigue teniendo celos de un hermano pequeño.