La terapia ofrece a los niños una oportunidad para compartir sus sentimientos, explicar lo que han vivido y recibir apoyo.
En la terapia, los niños aprenden a hablar sobre lo que han vivido.
Aprenden habilidades de afrontamiento y de relajación.
Aprenden a adaptarse a lo que piensan y sienten sobre el trauma.
Poco a poco, van aprendiendo a afrontar las cosas que tendían a evitar.
La terapia ayuda a los niños a encontrar su propia valentía y a ganar confianza.
Después de sufrir un trauma, su hijo necesita su consuelo y su apoyo más que nunca.
Asegúrese de que:
Pasa tiempo con su hijo.
Haga con él cosas que sean relajantes, agradables o divertidas.
Cocinen juntos, dense un paseo, jueguen, lean, hagan manualidades o canten.
Traten de hacerlo cada día, aunque solo sea durante uno pocos minutos.
Educa a su hijo con paciencia y ternura.
Use palabras agradables.
Felicítelo cuando su hijo esté haciendo bien alguna cosa o se esté esforzando mucho.
Haga que su hijo sepa que está orgulloso de él.
Tenga paciencia cuando su hijo cometa errores.
Muéstrele cómo volverlo a intentar.
Le muestra que lo quiere.
Dele besos, abrazos, sonrisas, caricias y palabras amables para mostrarle que lo quiere.
Use palabras que le transmitan tranquilidad y ofrézcale su apoyo cuando su hijo esté alterado o angustiado.
Tienen rutinas relajantes.
Resérvense unos pocos minutos cada día a la hora de acostarse por la noche para leer juntos, abrazarse o cantarle una canción a su hijo.
Para los niños mayores, tengan una rutina diaria de darse un abrazo de buenas noches, precedido de unos pocos minutos para hablar, escuchar y reírse juntos.
Estos minutos de atención, dedicados exclusivamente a su hijo, le pueden ayudar a sentirse tranquilo, seguro y relajado.
Pueden parecer cosas pequeñas, pero son muy importantes.
Darle su tiempo y su apoyo hace que su hijo se sienta querido y más cercano a usted.
Después de un trauma, esta cercanía importa más que nunca.