Si piensas que dedicas poco tiempo a tus padres, puedes visitarlos más, ayudarles a hacer cosas que ahora les cuestan más esfuerzo hacer.
También puedes llamarles más a menudo, escribirles cartas en caso de que no sean muy diestros con las tecnologías, mandarles fotos, o hacer video-conferencias si sí lo son.
Compartir experiencias con ellos, como un paseo, una comida, organizar una reunión familiar, etc.
Todo aquello que a ti te gustaría que hicieran por ti, también tú puedes hacerlo por ellos.
Decir “te quiero”.
A veces estas dos palabras nos cuestan horrores, ya sea porque nos da vergüenza, no encontramos el momento, creemos que es de sobra sabido y no es necesario decirlo, o en muchas ocasiones por el miedo a emocionarse y profundizar en los sentimientos y quizás también en el dolor.
De vez en cuando, hay que hacer el esfuerzo y decirlas, nos aliviarán, nos darán alegría, nos conmoverán a ambas partes y además nos unirán más con nuestros padres.
Ser más comprensivos.
Nuestros padres no son nosotros.
Ni nosotros somos nuestros padres.
En muchas ocasiones, nuestra madre o nuestro padre quiere darnos consejos vitales que quizás a nosotros no nos sirven o no sabemos ver la utilidad, pero su intención es siempre buena, es siempre desear lo mejor para nosotros en la mayoría de los casos.
El contacto físico.
Llamarse, escribirse o mandarse un whatsapp está muy bien, pero hay que verse, y más con una madre o un padre.
Son personas que para nosotros representan la idea de casa, de origen, y cada cierto tiempo, según las necesidades y circunstancias de cada uno de nosotros, tenemos que volver a ellos.