La rigidez mental es la tendencia a mantener pensamientos, creencias y actitudes inflexibles, lo que impide adaptarse a los cambios y manejar adecuadamente las emociones. Las personas con este tipo de pensamiento suelen vivir con altos niveles de estrés, frustración y conflictos interpersonales. El psicólogo Albert Ellis identificó tres grandes exigencias irracionales que alimentan la rigidez mental y el malestar emocional: Exigencias hacia uno mismo, exigencias hacia los demás y exigencias hacia la vida. Estas creencias suelen expresarse con frases como: “Siempre debería…”, “Nadie tiene que…”, “Necesito que…”, “Todo el mundo debería…”. Este lenguaje absolutista refleja pensamientos inflexibles que impiden adaptarse a la realidad y generan una gran carga emocional. La rigidez mental genera tanto sufrimiento porque conduce a la autoexigencia extrema, al miedo al fracaso, y a sentimientos de culpa, ansiedad y baja autoestima.