El duelo complicado en menores puede estancarse o complicarse, sobre todo en adolescentes. La adolescencia es quizá uno de los momentos más vulnerables. Al haber adquirido el pensamiento adulto, a veces los menores manejan la muerte en las mismas dimensiones que nosotros, lo que implica una doble tarea: por un lado, entender la muerte en todas sus dimensiones y, por otro, asumir tareas propias de un adulto en duelo.
Normalmente, en los adolescentes el duelo se puede estancar en situaciones concretas, por ejemplo:
Existencia de alguna patología previa o vulnerabilidad. Con esto nos referimos a que antes del duelo el niño o la niña ya tenía una fobia, escasas relaciones sociales, falta de habilidades, etc.
Que el duelo suceda en un periodo crítico. Por ejemplo, si es un curso en el que el menor tiene que preparar un examen o a una prueba determinante, puede ocurrir que haga un gran esfuerzo para estar centrado y bloquee el duelo.
Sobreprotección parental. A veces, son los propios padres quienes no dejan a los niños afrontar el duelo, a pesar de estar capacitados para hacer cosas basadas en su nivel de autonomía: se lo hacen todo, les envían mensajes de peligro constante y, si quien fallece es un progenitor y tienen que asumir ciertas responsabilidades, muestran una gran incapacidad, muchos miedos y una gran ansiedad de separación del superviviente.
Un duelo doble. Esto puede deberse o bien a la pérdida de dos familiares, a la pérdida de un estatus o cambios grandes en su vida tras el duelo, o a varias pérdidas sucesivas ocurridas a edades tempranas que no tienen por qué coincidir temporalmente.
Estas situaciones son difíciles de asumir por los niños y les cuesta adaptarse a los cambios que implican, pudiendo experimentar bloqueos a muchos niveles, regresiones o desadaptación que les impide gestionar la nueva situación