El duelo de los adolescentes es similar al de los adultos porque su comprensión de la muerte y sus reacciones son similares, aunque las emociones se pueden manifestar de forma más intensa.
La gestión del duelo en un adolescente es, pues, particular por el momento vital y la alta carga emocional que supone en una época en la que además lidian con otras pérdidas: fracasos amorosos, de amistad o académicos.
La manera en que los jóvenes suelen mostrar el duelo tiene un componente físico importante, mientras que el malestar en los adultos es fundamentalmente de carácter psicológico.
Algunas de las manifestaciones normales del duelo en la adolescencia son: Conmoción y confusión.
Ira e irritabilidad.
Alteraciones del sueño o alimentación.
Miedo de la posible pérdida de otro familiar.
Reaparición de conductas más infantiles.
Culpabilidad: son frecuentes los sentimientos de culpa ante cosas que han dicho o han deseado respecto al familiar desaparecido.
Tristeza: también puede manifestarse como miedo de estar solo, pérdida de interés por actividades que solían interesarle, disminución del rendimiento escolar, etc.
Ante una pérdida podemos encontrarnos a un o una adolescente con una actitud que tiende a no compartir las emociones que sienten, a no mostrarlas por no querer ser diferentes de sus iguales y que se interprete como un signo de debilidad o a sentirse presionados por tener que comportarse como una persona adulta.