Una vez formado el apego, la figura materna tendrá que permitir que el niño rompa poco a poco aquel vínculo. Este desapego es imprescindible, ya que es la única forma de que el niño crezca, explore el entorno y se cree una identidad. Es sumamente importante que la figura materna permita estos vaivenes, que una vez que el niño sufra la separación esté disponible para él, le explique qué es lo que siente y de qué manera puede ir enfrentando el mundo que lo rodea. El desapego es igual de importante que el apego, al final lo que siempre se desea es que nuestro hijo se sienta fuerte, sea independiente y tenga las herramientas necesarias para descifrar y enfrentar los obstáculos de la vida. Para que haya un buen desapego, es necesario que antes haya un buen apego, quizás no perfecto, pero si suficientemente bueno. Si el bebé tuvo confianza, amor, cuidado, compresión y placer, entonces es muy probable que busque en sus relaciones futuras estas mismas características, él confiará en que encontrará solución a sus problemas y por lo tanto su autoestima será estable a pesar de los cambios y retos que se le presenten en la vida.