Antes de dar de baja esa amistad debes considerar si es posible repararla, siempre y cuando las dos partes identifiquen el problema y estén dispuestas a cambiar.
Raquel Aldana, recomienda, como un primer paso, hacer un autoanálisis de lo que está sucediendo, con la mente y el corazón dispuestos.
Nos cuesta ver nuestros errores y tendemos a externalizar las culpas.
Por ello, primero debemos plantearnos nuestros conflictos y modos de actuar, para luego escuchar aquellos pensamientos que responsabilizan al otro de los problemas.
La doctora Sirois, revela una regla de oro: “Sé honesta contigo misma sobre lo que sientes, no te guardes nada.
Y piensa que, para conservar una amistad, necesitamos mantener siempre los mismos cuidados que en una relación amorosa: debemos escuchar a la otra persona, asumir las consecuencias de nuestros propios actos y explorar vías para contribuir a una mejoría”.
Pero si ya has hecho un diagnóstico objetivo, es el momento de dar el paso definitivo.
No todas las historias son como películas de Disney, con finales en las que todas las amistades se salvan.
Llegado el punto en que el otro no piensa prestarte atención o no respeta que necesitas un cambio positivo, lo mejor es asumir que no todo es eterno en este mundo, que el dolor es una parte natural de la vida y que forma parte de nuestro crecimiento personal decir adiós.