La lealtad familiar es ser fiel a aquello que es dicho, decidido, opinado o hecho en tu familia.
La lealtad pasa por lo que consumes, tus gustos, tu forma de ver la vida y mucho más.
Es que des fuerza a esos dictámenes familiares por encima de lo que quieres, es tomar las voces familiares como ley de vida, sin permitirte explorar la que a ti te va.
La lealtad familiar surge porque existe una fuerza poderosa a la que todos tememos: la exclusión.
Hay un precio importante a pagar cuando no eres leal a la familia: ser excluida, dejar de pertenecer…
Repites porque te cuesta despedirte del mandato, porque temes que al hacerlo diferente te juzguen, critiquen e incluso, dejen de hablarte.
Porque le has dado fuerza a los temores y heridas infantiles en lugar de ocuparte de ti como la adulta que eres.
Repites porque te ha costado tomar lo esencial del más maravilloso regalo que te han dado: tu vida.
O porque sientes que al no ser leal, dejarás de tener familia.
Y eso, mi querida, es un amor infantil, ciego y que, al final, te quita mucha fuerza vital.