En la mayoría de las ocasiones, la vida deportiva competitiva que tuvieron los padres en su infancia también la quieren ver reflejada en sus hijos con triunfos y buenos resultados.
La proyección de los padres
Por ejemplo, si el papá practicó futbol en el alto rendimiento y el hijo lo hace en el tenis, a pesar de que son disciplinas diferentes, el padre quiere que su hijo sobresalga y esto pasa porque el papá vivió en un ambiente competitivo, sin embargo, se puede convertir en una presión para el infante.
Hay casos en que los padres hablan con los niños, y esto sirve, pero para los infantes ayuda más que los papás den el ejemplo y se comporten de una manera coherente con lo que dicen, porque si cuando llega la competencia el papá le dice al infante: ‘diviértete’, pero ya en el juego le está gritando y se enoja, el pequeño no va a entender tanto el mensaje verbal, sino lo que está viviendo en el momento.
Y en este escenario, la presión hacia el menor sí es diferente, asegura la psicóloga del deporte de la Universidad Autónoma de Nuevo León, sin embargo, no está peleado con pedirle al infante que se divierta.
A veces a los padres les cuesta mucho entender esto, porque en ocasiones tienen la confusión de que están criando a hijos mediocres o poco competitivos.
Para Zurita, la presión se presenta en cualquier etapa de la infancia, pero no depende tanto de a qué edad ocurra, sino de la visión que tengan los padres al llevar a sus hijos a practicar deporte.
La vida deportiva competitiva que tuvieron los padres en su infancia también la quieren ver reflejada en sus hijos con triunfos y buenos resultados.
Hay que enseñarles mucho a ser pacientes y que comprendan que en el deporte todo lleva un proceso y que hay que trabajar a mediano y largo plazo, porque cuando están en esta etapa competitiva, lo que los niños creen es que todo les tiene que salir a la primera y que no deben de fallar.
También hay que enseñarles a ser compasivos consigo mismos y que tengan paciencia en este aprendizaje.