La lealtad empieza con uno mismo, siendo auténticos y mostrándose de forma sincera y coherente con sus principios.
Las personas leales son auténticas y predecibles, se atienen a sus principios fundamentales, no cambian sus criterios constantemente.
Para practicar la lealtad, se puede reflexionar sobre cuáles son los valores más importantes en la vida y cómo se demuestran en el día a día el tiempo y dedicación a esos aspectos importantes.
Se puede preguntar si se es coherente en el día a día con los valores principales, si se es asertivo y se mantiene firme al comunicar ideas y sentimientos, siendo fiel a las creencias y valores.
También se puede reflexionar sobre qué cambios se quieren hacer en el día a día para mostrar más fidelidad a esos principios y si se respeta el código ético y moral sin dejarse forzar a hacer algo que no se quiera o en lo que no se crea.
Las personas leales con sus organizaciones muestran comportamientos como mostrarse agradecidos, favorecer a la empresa, cumplir con los objetivos, respetar las normas de conducta, mantener discreción y prudencia, anteponer los intereses colectivos y cuidar la imagen de la organización.