Cuando sientas que tienes esa necesidad: Prueba a hacer una actividad calmada y tranquilizante. Si te cortas cuando estás alterado o enfadado, te puede ayudar el hecho de implicarte en algo que te calme. Exprésate. Habrá momentos en que te parecerá que tus emociones son demasiado intensas y demasiado dolorosas para manejarlas. Te puede ayudar el hecho de etiquetar o poner nombre a lo que estés sintiendo. Decir “Estoy enfadado” o “Estoy triste” te puede ayudar a procesar esas emociones. Libera estrés. A veces, hacer cosas que liberan la tensión puede ayudar a una persona a ir abandonando gradualmente el hábito de cortarse. Intenta lo siguiente: Salir a caminar o a correr, dar un paseo en bicicleta, bailar o hacer otro tipo de ejercicio físico. Romper y/o destrozar papeles. Apretar, amasar o aplastar una pelota antiestrés o un puñado de plastilina. Si estas conductas no te sirven para resistirte a la necesidad de cortarte, prueba otras. A algunas personas les ayuda frotar un cubito de hielo sobre su piel, o llevar una goma elást alrededor de su muñeca y estirarla para que les golpee suavemente la piel.
Cuando encuentres algo que impida que te sigas cortando, te sentirás orgulloso de ti mismo. Celébralo, porque no es fácil aprender una forma de comportamiento alternativa a la de cortarse. Pero también es normal tener recaídas y volver a cortarse de nuevo. Cuesta un tiempo cambiar un comportamiento y sustituirlo por otro que sea más saludable. Te puede ayudar el hecho de pensar en la emociones o situaciones que te han llevado a volver a cortarte. Por ejemplo, ¿estabas frustrado o enfadado cuando te has vuelto a cortar? Luego recuérdate a ti mismo por qué tomaste la decisión de dejar de cortarte. Escribe qué fue lo que te funcionó cuando dejaste de cortarte. Puedes encontrar tu fuerza interior para hacerlo otra vez, aunque debes saber que ser capaz de pedir ayuda también es un signo de fortaleza interior.