Para que ellos entiendan, necesitan información y explicación.
Esta debe ser honesta, sencilla y en lenguaje apropiado para su edad.
Con apoyo, los niños pueden lidiar con la verdad, no importa lo complejo o traumático; lo que si les resulta difícil son las mentiras.
Cuando las circunstancias que rodean la muerte son particularmente angustiosas, puede ser tentador retener información, pero, incluso en esos casos, se aplican los mismos principios.
Un buen enfoque es la honestidad combinada con mucha tranquilidad.
Concéntrese en lo que se siente bien para usted y los niños con los que está.
Cuando alguien muere su cuerpo deja de funcionar.
Un cadáver no respira porque sus pulmones ya no funcionan y el corazón se ha detenido.
Un cadáver no puede moverse, será muy silencioso y quieto.
Un cadáver no puede sentir nada, así que no habrá dolor.
Debido a que a un niño pequeño le puede resultar difícil entender la diferencia entre estar muerto y estar vivo, es posible que deba tranquilizarlo con palabras como las siguientes:
Debido a que su cuerpo ha dejado de funcionar, los muertos no necesitan nada para comer o beber y no pueden sentir el frío.
Los muertos permanecen muertos para siempre; por mucho que los queramos, no pueden volver a la vida.