Escúchala. Si has notado que ella luce desanimada, se ve deprimida o te ha pedido ayuda, tú como su familiar debes escucharla. Préstale atención, interés y apoyo en estos momentos, esto hará que ella se sienta aliviada y tranquilida por tener a alguien que la entiende y la apoya. No la juzgues. Evita minimizar su dolor o darle “palabras de aliento” como: “échale ganas”, “estás exagerando, solo es momentáneo” o “tu bebé te necesita, debes estar bien”. Necesitas brindarle compresión, mostrar empatía con lo que está sintiendo y no criticar sus sentimientos o pedirle que supere esto rápidamente para cuidar a su hijo. Porque ella lo sabe y quiere estarlo, pero no puede. Cambia esas frases por palabras de cariño y apoyo, como: “estoy aquí para lo que necesites”, “cuentas conmigo”, “te quiero”, “qué puedo hacer para ayudarte” o “toma el tiempo que necesites para afrontar esta situación”. Permite que tenga un tiempo para ella. Aligera su día al brindarle una hora o un tiempo designado para que analice sus sentimientos, se relaje, descanse, tome un baño, vea a una amiga, de un paseo o visite a un especialista. Es decir, comprométete a cuidar al bebé mientras ella pasa un tiempo a solas o en compañía de alguien que la anime. De esta forma ella sentirá que no está descuidando a su familia, porque alguien está ahí para apoyarla. Es importante que le brindes su espacio, pero que al mismo tiempo estés al pendiente de ella. Quizá necesite estar a solas, pero no sentirse sola. Sé paciente. Debes tener claro que enfrentar esta situación y salir de ella requiere de paciencia, constancia y perseverancia. Aunque esté en un tratamiento no estará bien de la noche a la mañana. Podrían pasar semanas o meses para que ella se sienta mejor. Por esto, ayúdala a que viva su vida un día a la vez, sin prisas ni presiones.