Ser padres y madres es una experiencia única y una tarea inmensa llena de complejidades que requieren mucha atención, dedicación, paciencia y apoyo incondicional, principalmente.
Esta tarea se vuelve más compleja cuando nuestros hijos o hijas se encuentran en la etapa adolescente.
Cuando decimos QUERER nos estamos refiriendo a: Ofrecer apoyo incondicional.
Valorar sus logros y reconocer sus esfuerzos.
Ser cercanos y mostrar interés por lo que nos cuentan.
Mostrar cariño mediante caricias, besos, halagos…
Dedicarles tiempo.
Palabras de aliento o consuelo.
Expresarles lo que sentimos.
Cuando decimos ENSEÑAR nos estamos refiriendo a: Trasmitir valores.
enseñar las reglas de conducta poniendo límites y marcando o negociando normas.
Enseñar a convivir en sociedad y a relacionarse con los demás.
Desarrollo de habilidades sociales.
Potenciar sus habilidades.
Reconocer sus virtudes y sus limitaciones.
Establecer sus propios criterios.
Enseñar a quererse y querer a los demás.
Aquello que más va a favorecer el desarrollo del adolescente es mantener un equilibrio entre ambas, es decir, querer y apoyarles incondicionalmente incluso cuando tomen decisiones que no sean las que más nos gusten o que pensemos que se van a equivocar, y, a su vez, establecer normas acordes a su edad y ajustadas a su realidad e ir revisándolas y negociando y, sobre todo, acompañándoles en el proceso de crecer y madurar.
Nuestras enseñanzas y nuestro ejemplo como padres y madre será el modelo de nuestros hijos e hijas, siendo esto un aspecto fundamental a tener en cuenta ya que todo aquello que lea, escuche, vea o aprenda de otros miembros de la familia, de sus amigos, de su entorno, irá ayudando a conformar su personalidad y sus herramientas y a desarrollar habilidades para la vida así como a ir adquiriendo responsabilidades e ir tomando sus propias decisiones en base a su criterio.
Por este motivo es muy importante cuidar el lenguaje que usamos habitualmente y con el que nos dirigimos hacia ellos y ellas, tratar de aumentar su autoestima lanzándoles mensajes positivos y destacando sus cualidades sin excesiva crítica ni prejuicios, intentar mantener la calma ante conflictos, escucharles activamente y negociar constantemente la implantación de normas así como mostrarnos atentos y atentas a sus preocupaciones y necesidades.