La depresión en la tercera edad es un problema de salud mental difícilmente reconocido por el paciente o los familiares.
Normalmente los pacientes mayores de 70 años que presentan patología afectiva no se aprecian síntomas claros de tristeza, de ahí la dificultad que existe en el diagnóstico hasta que son derivados al especialista de salud mental.
El inicio clínico de la depresión en el anciano puede cursar con una leve alteración del estado de ánimo.
Incluso puede aparecer ésta enmascarada con otros síntomas principales, tales como la pérdida de apetito, alteraciones de la memoria, insomnio, síntomas somáticos, ansiedad o irascibilidad.
La sintomatología clave para la detección de la depresión en la tercera edad puede abarcar:
Estar más confundido u olvidadizo, problemas de memoria.
Disminución del apetito.
Descuidar tareas y actividades básicas de la vida diaria, como no bañarse o afeitarse con la frecuencia de antes.
Los visitantes pueden notar olores de orina o materia fecal.
La ropa puede estar sucia y arrugada.
No arreglar la casa
Suspender los medicamentos o no tomarlos de la manera correcta
Aislarse de los demás.
No hablar mucho y no responder el teléfono ni devolver las llamadas telefónicas
Los padecimientos físicos que incrementan el riesgo de depresión abarcan: trastornos tiroideos, enfermedad de Parkinson, cardiopatía, cáncer y accidente cerebrovascular.
Los síntomas de depresión pueden ocurrir como parte de la demencia, como en la enfermedad de Alzheimer.
Los síntomas de depresión también son un efecto secundario de muchos fármacos comúnmente recetados.
La mayor parte de las personas mayores presentan problemas de índole orgánica, trastornos de la memoria, problemas de concentración y falta de impulso vital, distrayendo la atención del médico sobre la depresión y dirigiéndola hacia síndromes cerebrales orgánicos y afecciones somáticas.