Terapia Gestalt, terapia corporal, terapia sistémica, terapia centrada en el paciente, terapia de las necesidades humanas… Estas son algunas de las terapias humanistas más conocidas.
Terapia Gestalt: la conciencia de uno mismo es la clave para conseguir el crecimiento y desarrollo personal.
Terapia sistémica: concibe a las personas dentro de un contexto social primario.
Terapia corporal: “escuchar a nuestro cuerpo” es el gran precepto de esta terapia.
Terapia centrada en el cliente: el psicólogo Carl Rogers fue el creador de este enfoque, que considera que todas las personas podemos alcanzar nuestro máximo potencial.
Terapia de las necesidades humanas: su premisa es que todas las personas tienen una serie de necesidades básicas innatas.
Explorar los sentimientos, profundizar en los pensamientos, analizar las pautas de relación, fomentar la autoconciencia y la actitud presente.
La psicoterapia humanista se concibe como experiencial, experimental y existencial.
Visión optimista y holística del ser humano: cada persona es un conjunto de elementos, tanto físicos como psíquicos, y se considera que las personas son inherentemente buenas.
Foco en los factores sociales: el autoconocimiento y el desarrollo personal debe ir de la mano de la responsabilidad social.
La importancia de lo subjetivo: en su proceso terapéutico, cobra mucha importancia el análisis de cómo los pacientes perciben e interpretan sus pensamientos internos.
Concepción alternativa de la felicidad y el éxito: cada persona puede tener su propia forma de ser feliz y el proceso terapéutico ayuda a descubrirla.
Cada persona es el motor de su propio cambio: el terapeuta es importante dentro de las terapias humanistas, pero el gran motor del cambio es la propia persona, que tiene la capacidad suficiente para solucionar sus problemas.