La resolución del proceso migratorio va a estar vinculado a los recursos subjetivos, desde la capacidad de abordar la soledad, pasando por el abordaje de las separaciones o el afrontamiento de las pérdidas, así como el reconocimiento de su realidad y sus capacidades de inventar nuevos intereses y vínculos.
La separación de los seres queridos siempre es difícil porque también conlleva separación.
Dentro de las pérdidas se encuentran el lugar que el migrante tenía y que a partir de ese momento ya no será el mismo, ya no compartirá las mismas cosas, y se ubicará en el lugar de alguien que está lejos, que ya está fuera del contexto.
La necesidad de elaborar el duelo por las pérdidas afecta a todos aquellos que inician un proceso migratorio, las características de esta elaboración son propias, relacionado con la manera que se expresa el duelo en cada cultura.
Las pérdidas relacionadas se sustentan en los objetos que dejó con su partida, de lo que perdió de sí mismo en esa pérdida, de lo que se perdió en lo no vivido que esperaba encontrar y con los que había fantaseado, y, también, de lo que perdió de sí mismo con lo vivido.
La existencia del duelo mal elaborado previamente dificulta o impide la elaboración del duelo migratorio.
En el nuevo destino, emerge de forma potente la soledad que precipitará la vivencia de desamparo.
El migrante puede encontrar algunas vías de salida, ofrecerse a los otros sin restricciones, ofreciéndose como objeto deseable o como medio para encontrar él mismo hospitalidad.
Otra de las vías posibles es el retorno.
En el campo de la psicopatología, la afectación del migrante es la triada conformada por la depresión, fenómenos psicosomáticos y la paranoia, la somatización es la expresión de la insuficiencia elaborativa del duelo migratorio.
Esta sintomatología se desencadena por la ruptura del equilibrio narcisista, ansiedades y dolor por la pérdida de objetos y lugares que le fueron propios, temores al rechazo por el otro social, y ansiedades psicóticas debidos a la ausencia de soportes identificatorios conocidos.
Se pueden señalar tres etapas en el proceso de la emigración, abarcan desde que se prepara la emigración, a su realización, hasta culminar con la llegada al otro social y su integración en la nueva cultura.
Las defensas utilizadas son fundamentalmente de tipo maníaco, negación omnipotente de la pérdida manifestándose por desprecio del país de origen.
En su llegada al país de acogida se precipitan ansiedades confusionales además de persecutorias y depresivas.
Las primeras surgen por la dificultad de diferenciar los sentimientos entre lo que se ha dejado y lo nuevo.
Las ansiedades persecutorias se precipitan por a las exigencias del nuevo medio.
Si se produce la integración en la nueva cultura, el emigrante habrá renunciado a algunas pautas de su cultura de origen para incorporar otras de la nueva cultura.
Si se produce la integración en la nueva cultura, el elaboración del duelo, el emigrante habrá renunciado a algunas pautas de su cultura de origen para incorporar otras de la nueva cultura.