Las emociones juegan un papel crucial en el aprendizaje. Las funciones cognitivas son todos aquellos procesos mentales que nos van a permitir recibir, procesar, elaborar y recuperar la información y, por tal razón, son indispensables para realizar las diferentes tareas de nuestro día a día, para interactuar y para desenvolvernos en el mundo que nos rodea. Está demostrado científicamente que la emoción influye en la atención, en la memoria, en las funciones ejecutivas y en la cognición social y, por ello, en nuestra manera de percibir, pensar, interpretar el mundo y aprender. En relación con la atención, las emociones son las encargadas de dirigir nuestra atención a hechos internos o externos que emergen como más importantes. Nuestro cerebro no puede recordar el cien por cien de los datos, por lo que las emociones son un excelente criterio para determinar qué datos recordar. El grado de éxito de la recuperación de los datos no sólo dependerá de la disponibilidad de la información, sino del grado de accesibilidad a la misma determinado por las claves o indicios aportados por el contexto, tanto externo como interno, en el que se aprendió. Las emociones son un elemento vital para generar y mantener la atención. Lo que pensamos, el razonamiento lógico y la toma de decisiones están también impulsados por las emociones. La hipótesis del marcador somático proporciona un modelo conceptual en el que se integran procesos cognitivos y emocionales y sistemas neuroanatómicos para explicar el vínculo entre el procesamiento de las emociones y la capacidad para decidir en función de las potenciales consecuencias futuras de la conducta. Aunque tradicionalmente las investigaciones en cognición social se centraban en pensamientos, actualmente se están centrando en cómo los sentimientos influyen en la cognición social y cómo a su vez son influenciados por ésta. Las emociones influyen en la cognición social y, por lo tanto, en la manera en que percibimos y nos relacionamos con los demás. La habilidad de reevaluación cognitiva es una estrategia que implica la regulación emocional a través de la resignificación de una situación para cambiar su efecto emocional, y es de gran valor a cualquier edad para lidiar con las emociones negativas. La importancia del desarrollo de la habilidad de reevaluación cognitiva se destaca en la protección frente a la ansiedad y depresión en los niños.