Aunque la producción de espermatozoides es continua desde la adolescencia hasta toda la vida del adulto, estudios recientes en población tributaria de TRA, sugieren que una edad paterna avanzada se asocia a menores tasas de embarazo y nacido vivo y que la calidad espermática podría deteriorarse e impactar negativamente en los resultados a edades tan tempranas como los 45 años. Con el paso del tiempo ya sabíamos que disminuía levemente el volumen del eyaculado y el número de espermatozoides presentes en él. Con resultados algunos contradictorios, también se describe un discreto aumento en la probabilidad de abortos y partos prematuros. Aunque en una proporción muy inferior al efecto de la edad avanzada en la mujer.
Sin embargo, el mayor foco de atención se ha puesto recientemente en los efectos, que a largo plazo pueden repercutir en la descendencia. Recientes estudios han demostrado que el riesgo de alteración genética en la descendencia se duplica según avanza la edad del varón en cada 10 años. Algunas teorías, han querido demostrar que los espermatozoides pueden cargar mutaciones o alteraciones genéticas nuevas o “de novo”, es decir, no heredadas, que van aumentando progresivamente, a medida que avanza la edad del hombre.
Dichas alteraciones las han relacionado con un aumento en la aparición de ciertos tipos de enfermedades. Especialmente Autismo o trastornos de espectro autista y la Esquizofrenia. Por esta razón, parecen haber indicios que no solo los aspectos medio-ambientales como la obesidad, el tabaco, la mala alimentación y exposición a agentes tóxicos, pueden influir en el aumento de estos efectos en la descendencia. También la edad avanzada del hombre en el momento de gestar puede ser en parte un factor de riesgo.
Parece que el aumento de edad sí podría estar relacionado con el aumento del riesgo de ciertas enfermedades y complicaciones en el nacimiento. Como por ejemplo son las alteraciones neuropsiquiátricas, genéticas y de su capacidad reproductiva posterior. Recientemente, también se han publicado diferentes estudios que vinculan la edad paterna a alteraciones gestacionales, tales como parto prematuro y menor peso al nacer. Así como una mayor incidencia de diabetes gestacional en la madre. Por ello, aunque no es tan dramática la pérdida de fertilidad a medida que avanza la edad del varón respecto de la mujer, es una cuestión que no podemos dejar de lado.
Máxime si el varón además, presenta anomalías genitourinarias o consumo de sustancias tóxicas tales como tabaco y/u otras drogas que deterioren la funcionalidad del espermatozoide. Por lo tanto, aunque es más relevante que la mujer evite postergar su maternidad hasta edades avanzadas, resulta aconsejable que la población masculina sea consciente de estos posibles efectos en la descendencia y poder planificar adecuadamente el momento ideal para ser padres.
Aunque no existe un consenso sobre a partir de qué edad se empiezan a notar estos efectos, la mayoría de los estudios coinciden en que a partir de los 45 años se considera una edad paterna avanzada, aunque las consecuencias son más notorias a partir de los 50 años y se van acentuando progresivamente