Cuando tienes una tarea pendiente que te genera ansiedad, aburrimiento o inseguridad, tu sistema límbico da la orden de escapar.
Es lo que lleva a abrir TikTok, fregar los platos o mirar ofertas de vuelos a Islandia cuando lo que deberías estar haciendo es terminar un informe.
A todo esto se suma la dopamina, ese neurotransmisor que te premia y refuerza ciertas conductas.
Cuando haces algo que te gusta (o te distrae), la dopamina sube y tu cerebro dice: “Bien, esto es bueno, repitamos”.
Pero cuando estás ante una tarea pesada o exigente, no hay dopamina inmediata.
Así que tu mente busca atajos para obtenerla sin esfuerzo.
Esto se llama sesgo hacia lo inmediato: nuestro cerebro valora más lo que puede obtener ya, que lo que vendrá después, aunque sea mejor.
Si te ofrecen 10 euros ahora o 20 mañana, muchas veces eliges los 10.
Sabes que no es racional, pero lo haces.
Lo mismo pasa cuando eliges 15 minutos de vídeos en vez de trabajar en algo que te beneficiará dentro de un mes.
En el cerebro, este conflicto se refleja en la activación de distintas áreas:
El núcleo accumbens y la amígdala se activan con recompensas inmediatas, porque están asociadas al placer rápido y a la supervivencia.
La corteza prefrontal se activa cuando piensas en beneficios a largo plazo.
Pero es más lenta y menos dominante, sobre todo si estás cansado, estresado o emocionalmente revuelto.
Es decir: cuanto más activado está tu sistema emocional, menos capacidad tienes para decidir con lógica.
Y cuando la gratificación está lejos, tu motivación se desploma.