La intolerancia al cambio no es, en absoluto, un tema baladí. En muchas ocasiones, las visitas al psicólogo son debidas a una intolerancia a los cambios, o una resistencia a ellos. Resistirnos al cambio no cambia la realidad. Cuando un cambio ha llegado a nuestra vida o se vuelve imperativo, no podemos cerrar los ojos a la realidad. Debemos dejar de resistirnos a él y cambiar en consecuencia, para adaptarnos a la nueva realidad. Enfocarnos en conservar la realidad, o volver al pasado, solamente produce amargura y desilusión. Si una situación es negativa y requiere un cambio, el hecho de resistirnos a él no cambiará la realidad. Del mismo modo, si un cambio ya se ha producido, aferrarnos al pasado no cambiará la nueva realidad que ya se ha impuesto. En vez de resistirnos, hacemos bien en adaptarnos a esa nueva realidad, para poder encontrar la felicidad y la paz mental. La falta de voluntad no es la única piedra de tropiezo cuando hay resistencia al cambio. Según los expertos, se ha definido a esta resistencia y su forma de eliminarla como una pirámide. En esa pirámide se encuentran tres elementos: el saber, el poder y el querer. El primer elemento es el saber, para poder aceptar un cambio, lo primero que necesitamos es tener los conocimientos suficientes para entenderlo. El conocimiento sobre esa novedad nos traerá también información sobre los beneficios de que haya ocurrido. La resistencia al cambio no crea una realidad a nuestra medida. Por eso, hacemos bien en adaptarnos a los cambios o, incluso, provocarlos nosotros mismos si una situación no está siendo satisfactoria en nuestra vida.