Cultivar una mentalidad positiva.
Algo fundamental, especialmente, entre la gente mayor, que ha tenido que someterse a mayores cargas a lo largo de su vida.
La salud mental en equilibrio es clave para ser felices.
Así pues, se trabajará por solucionar los problemas, aprender a verlos y a trabajarlos, desarrollando el aprendizaje y las oportunidades de crecimiento.
Establecer metas realistas.
Es importante, para evitar la frustración, mantener siempre una dirección y un progreso efectivo en nuestras vidas.
Siempre apostar por metas desafiantes, pero alcanzables.
Configurar una red de apoyo sólida.
De este modo, se tendrá el respaldo emocional necesario en los momentos más adversos.
De ahí la importancia de grupos de amigos, familiares o parejas para ganar fortaleza frente a las grandes complejidades de la vida.
Reconocer los fallos.
Resulta esencial saber trabajar el miedo acérrimo a cometer errores o ser rechazados.
Las personas resilientes ven el fracaso como escalones hacia la meta, un motor para reconocer, crecer y aprender.
Todo pasa por encontrar en los errores y fallos pasados una forma positiva, los pasos adecuados para alcanzar los objetivos y alcanzar un estado pleno de recuperación personal.
Trabajar la autocompasión.
Es fundamental para tratarnos con amabilidad y comprensión.
Al reconocer nuestras emociones, nos permitiremos ser más vulnerables y recuperarnos más fácilmente ante las adversidades.
Mantener un estilo de vida saludable.
Aprenderás, al estudiar un Curso de Estrategias para Desarrollar la Resiliencia, a implementar una alimentación balanceada, hacer ejercicio regularmente y descansar lo suficiente para siempre tener la energía óptima que permitiese afrontar los desafíos de manera más efectiva.
Aprender de las experiencias pasadas.
Es algo en lo que principalmente trabajan nuestros mayores.
Solo así, mirando atrás, se tomará impulso para continuar.
Analizaremos cómo nos enfrentamos a determinadas situaciones complejas del pasado para buscar mejores formas de respuesta en futuros desafíos.
No centrarse en la inmediatez.
Al final, el hecho de vivir con prisas y en la rutina diaria hace que le restemos valor a lo verdaderamente importante.
Si se vive excesivamente pendiente de los mensajes externos, se verá reducida considerablemente la calidad de vida, tanto personal como laboral.
Aprender cosas nuevas.
En las personas de edad avanzada, es un motor para mantenerse activos, entretenidos y con la mente en pleno funcionamiento.
La clave es apostar por un aprendizaje continuo, en el que se pongan en marcha todo tipo de tareas, pero nunca vistas como una pérdida de tiempo.
La clave es abrir la mente a nuevos métodos y formas de pensar, logrando así revolucionar la forma de trabajar.
Saber controlar el trabajo.
Si bien es cierto, las personas mayores no se someten a este nivel de estrés, pero pueden llegar ya cansadas a ciertas etapas de la vida.
Por eso hay que saber cuándo parar y no obsesionarse con el trabajo para no caer en un agotamiento excesivo.
De ahí la importancia de saber extrapolar, recargar pilas en la vida personal y ser resiliente a partir de los métodos aprendidos con anterioridad.