La paciencia es la capacidad de esperar con calma o tranquilidad y tolerar la incertidumbre.
La palabra deriva del latín patients, es decir, el que padena o sufre.
Y es que, al no recibir de inmediato lo que necesitamos (o queremos) tenemos que afrontar la frustración y vernóslas con la incertidumbre.
Siendo pacientes afrontamos el sufrimiento de dicha espera de la mejor manera posible.
Por eso, ser paciente también está relacionado con la no impulsividad, con la capacidad de digerir y analizar las respuestas, no reaccionar de forma rápida ni «saltar» a la mínima oportunidad.
La paciencia no es un «don», sino un valor que todos podemos entrenar.
Para ello, es importante aprender nuevos hábitos que nos ayuden a ser más pacientes, porque en esto también interviene la costumbre: nos habituamos a reaccionar de forma acelerada, sin detenernos ni introducir la espera necesaria.
Desarrolla el arte de la espera, tómate un tiempo para parar y observar a tu alrededor.
Baja el ritmo, la velocidad, trata de tomarte las cosas con más calma.
Puede que estés pensando: «No me lo puedo permitir, tengo muchas cosas pendientes», pero ir rápido te llevará a cometer más errores y no a resolverlo antes.
Tómate un momento de espera.
Piensa antes de hablar y escribir.
Te ayudará a digerir las emociones y disminuir la intensidad diaria.
Ánclate al presente a través de la meditación: respira de forma consciente.
Así, podrás responder en lugar de reaccionar, gestionar mejor los impulsos y manejar de manera adecuada situaciones «explosivas».
En línea con la respiración consciente, vive con plenitud y aprecia las pequeñas cosas buenas del día a día: un paseo con tu perro, tu comida favorita, charlar con tus amigos, tumbarte en el sofá y ver una serie, la música que te gusta, etc.
Acepta las situaciones y no entres en un bucle de quejas por cuestiones que no cambiarán por mucho que lo desees.
Deja de querer tenerlo todo controlado; la vida es muy amiga de la incertidumbre.
Relativiza, es decir, da a las cosas la verdadera importancia que tienen.
Dedica tiempo a no hacer nada, solo a observar.
Al principio podrá generarte sensación de estar perdiendo el tiempo, pero conseguirá relajarte.
¡Recuerda!: entrena, entrena, entrena, no esperes resultados inmediatos y respira hondo.