1. Sobreprotección.
Proteger a los niños de manera excesiva e innecesaria no beneficia a los pequeños sino todo lo contrario.
Cuando sobreprotegemos a nuestros hijos les estamos impidiendo que exploren y descubran el mundo que les rodea por ellos mismos.
Con la mejor intención de protegerles de este “mundo peligroso y hostil”, lo único que provocamos es que los niños adquieran miedos e inseguridades.
La sobreprotección genera ansiedad en los menores al hacerles herederos de nuestros miedos y al inculcarles la falsa creencia de que el mundo en el que estamos inmersos es amenazante, peligroso y hostil.
2. Hiperexigencia.
Exigir a nuestros hijos demasiado con frecuencia promueve que se conviertan en niños con altos niveles de ansiedad.
Nuestros hijos deben y merecen ser niños felices pero no perfectos.
Los hijos de padres muy exigentes desean que sus padres les valoren positivamente.
Por este motivo, los niños a los que se le exige en exceso tienen miedo a equivocarse y se sienten muy insatisfechos, avergonzados y culpables cuando no consiguen cumplir con las expectativas de sus padres.
La presión y las exigencias desmesuradas dificultan a los niños actuar de manera espontánea y libre.
No quieren decepcionar a sus padres y se preocupan en exceso por cumplir con sus expectativas, sin embargo, se olvidan de disfrutar de las cosas que hacen.
Desear que nuestros hijos se comporten siempre de manera correcta, obtengan unas calificaciones académicas excelentes, no comentan ninguna falta de educación, no se peleen con otros niños o estén siempre dispuestos y encantados de realizar todo aquello que le proponemos es simplemente…¡misión imposible!
La hiperexigencia, al igual que la sobreprotección, no favorece que los niños piensen, actúen y se relacionen con el mundo de manera libre e independiente sino que son los progenitores lo que imponen a los niños su manera de actuar sin tener en cuenta sus necesidades e intereses.
El ser humano es imperfecto, por lo que exigir a nuestros hijos que sean los mejores en todo aquello en lo que se embarquen solo va a promover que sean niños que no disfruten del presente y que, por el contrario, se preocupen en exceso por lo que los demás van a opinar de ellos, convirtiéndose así en personas ansiosas, inseguras, con baja autoestima y vulnerables emocionalmente.