Créetelo de una vez, la perfección no existe.
Deja de luchar por ser perfecto/a.
Y es que cuando la persona es muy autoexigente con ella misma, exigente con los demás y busca la perfección en cualquier cosa que hace es probable que al no alcanzarlo la inseguridad llegue.
Acepta y aprende a disfrutar de una vez por todas de las imperfecciones.
Identifica y potencia tus puntos fuertes.
Deja de compararte constantemente con otr@s.
Llena el día a día de emociones agradables y positivas.
Desarróllate profesionalmente.
No te aísles, oblígate a salir.
Refuérzate y prémiate.
Celebra cada éxito que consigas y cada meta alcanzada por muy pequeña que sea.
Acoge las críticas.
Trata de asumirlas y de aceptarlas desde un punto de vista constructivo, que te ayuden a mejorar.
No te lo lleves al terreno personal.
La crítica, el error, el fallo es una oportunidad de aprendizaje, nada más.
Sé más flexible.
No todo es blanco o negro, busca esa escala de “grises” maravillosos que puede haber y que de hecho hay entre los dos extremos.
Di adiós a la rigidez y al pensamiento encorsetado.
Cuida día a día tu autoestima.
¿Pasó algo en tu pasado que no eres capaz de olvidar y de ahí crees que es el origen de tanta inseguridad?
Es posible que así sea, así que ahora que lo tienes identificado, toca trabajarlo y pasar página de una vez por todas.
Miedo, miedo y más miedos… enfréntate por fin a ellos.
Sólo así será la única manera de mantenerlos a raya.
Sal de tu zona de confort y arriésgate, una vez lo hayas hecho, el miedo será mucho más pequeño o casi invisible.
A veces, no podremos hacerlo solo/a.
Tranquilo/a, en esos casos, busca ayuda profesional de un psicólogo/a, principalmente si la inseguridad incapacita mucho tu calidad de vida y/o sientes que la intensidad del malestar es elevada.
De esta manera esta persona te podrá acompañar y guiar de una manera personalizada.