Si pasas a menudo momentos difíciles de controlar y ni la respiración ni las herramientas antiestrés te ayudan, otra técnica famosa es la llamada 3-3-3: nombrar tres cosas que ves, después tres sonidos que escuchas y mover tres partes de tu cuerpo.
La técnica del 3-3-3 es un método sencillo y eficaz que los psicólogos suelen recomendar para gestionar la ansiedad en momentos de crisis puntuales.
Se basa en la idea de desviar la atención del torrente de pensamientos angustiosos y centrarla en el momento presente mediante la activación de los sentidos y la conexión con el entorno.
Es un ejercicio de anclaje, es decir, una estrategia que ayuda a las personas a salir del estado de sobreestimulación mental provocado por la ansiedad y a regresar a un estado de mayor calma y control.
Cuando alguien experimenta ansiedad, su mente suele estar atrapada en pensamientos catastróficos o en preocupaciones sobre el futuro.
Esta hiperactivación mental puede traducirse en síntomas físicos como taquicardia, sudoración excesiva, sensación de ahogo o mareo.
En esos momentos, la técnica del 3-3-3 permite recuperar el equilibrio al obligar a la persona a enfocarse en lo que le rodea en lugar de en sus pensamientos internos.
Es un ejercicio de atención plena que ayuda a regular el sistema nervioso al desviar la atención hacia estímulos concretos y reales.
Para aplicar esta técnica, la persona debe detenerse y mirar a su alrededor, identificando tres cosas que pueda ver.
Pueden ser objetos, colores, formas o cualquier otro elemento visual presente en su entorno inmediato.
Luego, debe concentrarse en tres sonidos que pueda escuchar en ese momento, prestando atención a ruidos que normalmente pasan desapercibidos, como el sonido de los pájaros, el murmullo de una conversación cercana o incluso el zumbido de algún aparato eléctrico.
Finalmente, la técnica se completa moviendo tres partes del cuerpo, lo que ayuda a conectar con la propia corporalidad y salir del estado de parálisis o tensión física provocado por la ansiedad.
Puede ser algo tan simple como mover los dedos de las manos, girar los hombros o flexionar los tobillos.
Este método es especialmente útil porque se puede aplicar en cualquier lugar y momento sin necesidad de herramientas externas.
Es una estrategia rápida y discreta que proporciona un respiro inmediato cuando la ansiedad se vuelve abrumadora.
Con la práctica, este ejercicio puede convertirse en un recurso valioso para quienes lidian con la ansiedad de manera frecuente, ya que entrena la mente para redirigir su enfoque y recuperar la sensación de control sobre la situación.