La clave es la gestión emocional.
No se pueden gestionar las emociones cuando las reprimes o no las entiendes del todo.
Si no te das espacio para sentirlas e identificarlas, acabas desconectándote de ellas, sin saber lo que te pasa.
Cualquier psicólogo de empresa actualizado te aconsejaría aprender a gestionar tus emociones, sin reprimirlas.
Las emociones son una fuente de información muy valiosa: te indican si te están haciendo daño, si todo va bien… pero también te dicen qué necesitas.
Al observar las emociones desde el prisma de las necesidades, llegas a la conclusión de que, en realidad, no hay emociones malas.
Vale, entonces, cuando hay que controlar las emociones, sobre todo, cuando sientes que las emociones te desbordan y dificultan la comunicación, o cuando te consumen y no resulta apropiado para la situación.
En estos casos, lo mejor es pedir ayuda y aprender a gestionarlas, por ejemplo, asistiendo a terapia o tomando algún curso.
También es muy importante averiguar qué cosas te ayudan a calmarte: hacer deporte, hablar con alguien, abrazar a un ser querido…
Si, a diario, nos vemos muy desbordados y reaccionando intensamente a los acontecimientos, es importante recordar que el nivel de relajación que necesitas debe adecuarse al nivel de tensión que sufres.
Cuanto mayor sea la tensión, más profunda debe ser la relajación.
Así que, si pasas muchos nervios en el trabajo, puede que necesites algo más que un paseo por el parque para desconectar.
A lo mejor, también te vendría bien hacer yoga, apuntarte a un gimnasio o realizar otra actividad que te renueve.