Acéptalo: esto es lo principal y lo primero que necesitas hacer tanto con tu cuerpo como con la ansiedad: aceptar. Aceptar tu cuerpo significa que dejas de hablarle mal cada vez que encuentras un defecto o que no puede realizar algo. Acepta que tu cuerpo es único, es especial y refleja en gran medida cómo te siente en el interior, así es que lejos de criticarlo, pregúntate qué está pasando contigo.
Contacta con todas las sensaciones: antes de tomarte una pastilla para el dolor de cabeza o la gastritis, contacta con ellas, obsérvalas, siente su movimiento, inclusive aunque sea doloroso puedes observar el dolor sin sufrir.
Dale lo que necesita: (y dáselo de calidad) el hambre y la sed son avisos de que llevas mucho tiempo aplazando la necesidad de tomar agua o comer, de la misma manera con las ganas de ir al baño. Necesitas ir al baño, comer y tomar agua en el momento en el que te das cuenta que lo necesitas. También relájalo en el momento en el que te das cuenta que está tenso.
Respétalo: me refiero a que le hablas bonito, y le das el valor que tiene, dejas de explotarlo y de tratarlo como si fuera la peor cosa que te ha pasado.
Agradécele: date cuenta de todo lo que te permite hacer y sentir, date cuenta que puedes experimentar esta vida gracias a tu cuerpo, y además, creas tu vida gracias a él también, ya sea por tu cerebro o por tus manos y pies, pero al final del día te permite vivir, así es que agradécele todos los días.
Haz las paces con tu cuerpo, y vuelve a amarlo. Para amarlo, necesitas aceptarlo tal y como es. Date cuenta como la mayoría de las ideas que tienes sobre él fueron creadas a lo largo de que crecías y que no necesariamente son verdad o te hacen un bien.
Atrévete a mejorar esa relación con tu cuerpo, a decirle cosas bonitas y cuidarlo como si fuera lo más preciado que tienes, pues ¿qué crees? Sí es de lo más preciado que tienes, nada más que como ha estado ahí contigo siempre, crees que puedes hacer con él lo que quieras.