Conocerse a uno mismo puede parecer una misión compleja y, muchas veces, no se percibe como una prioridad dentro de la lista de tareas que conforma nuestra rutina. Sin embargo, es algo fundamental para poder gestionar nuestras emociones. Puedes elegir la forma de actuar gracias a que puedes observar lo que ocurre desde la distancia. Tomamos conciencia del entorno, del cuerpo y de la experiencia interna. Crea una postura atenta, sentada, tumbada o de pie y cierra suavemente los ojos. Conecta con el cuerpo, siente el contacto de tus pies, piernas, las sensaciones que surgen agradables o desagradables, o ausencia de sensaciones y si cambian. Viaja ahora a tu interior, conecta con tu experiencia interna. Detecta tus pensamientos, tus sensaciones, tus emociones, tus impulsos. Atiende a la experiencia de manera general, observa todo lo que surge, cómo se relaciona, sin fusionarte con ello, solo siendo consciente con distancia y viendo lo que cambia. Siente tu consciencia en tu cuerpo y como abarca todo tu ser, cómo estás respirando. Permanece ahí conectada. Poco a poco toma consciencia de tu postura y expresión facial, sonríe suavemente, agradece este ratito de conexión y autocuidado. Y respira con la intención de seguir atento el resto del día.