La música produce un impacto en el cerebro en múltiples niveles, influyendo de manera directa en los mecanismos cognitivos y emocionales. Afecta a la memoria, al movimiento y genera actividad emocional. Tiene impacto tanto a nivel psicológico, emocional como fisiológico. Inicialmente la música es procesada a nivel del sistema nervioso central, provocando la liberación de endorfinas y cambios en los niveles de catecolaminas y citoquinas. La música aumenta el volumen de ciertos neurotransmisores como la dopamina, un neurotransmisor que se libera produciendo recompensas cerebrales ante estímulos que provocan placer como lo hace la comida o el sexo. También regula los niveles de serotonina, oxitocina o epinefrina, consiguiendo estados de placer de forma muy parecida a las que consiguen ciertas drogas. Posteriormente impacta en la actividad del sistema endocrino, autonómico y inmune. Existe una gran conexión entre la música y la memoria, pacientes con dificultades en la memoria por la enfermedad de Alzheimer conservan recuerdos musicales incluso en fases avanzadas. Los recuerdos musicales que mayor emoción provocan activan la zona dorsal del córtex prefrontal medial, zona que se encuentra relacionada con la recuperación de la memoria. Permite reconectar recuerdos, como si la música actuara de guía en la memoria. La música tiene la capacidad de modular el estado de ánimo, reducir el dolor y la ansiedad, reduce el estrés, mejora las alteraciones del sueño, mejora la motivación, aumenta la sensación de control. Escuchar música ayuda a mejorar el rendimiento mental, influye en la autoestima, en la calidad de vida y produce mejoras de las funciones cognitivas como consecuencia de la estimulación de determinadas áreas cerebrales.