La vulnerabilidad se origina en relación a la idea de riesgo, que es la probabilidad de que un peligro genere daño. La magnitud de un riesgo depende tanto del peligro o amenaza, como de las características de los elementos que están expuestos a esa circunstancia. La intensidad de la vulnerabilidad depende de tres factores: Exposición, que es una relación inapropiada o deficiente con el ambiente, donde las personas se encuentran en zonas que suponen un peligro, como la superpoblación o los sistemas de producción que dañan el medio ambiente. Fragilidad, que es el nivel de susceptibilidad de una población ante un peligro, y se compone de condiciones físicas y socioeconómicas, como las formas de construcción o la pobreza. Resiliencia, que es la capacidad de respuesta y adaptación que tiene una comunidad para recuperarse ante cambios significativos en el modo de vida o ante una catástrofe, como la buena gestión ambiental o un sistema de salud adecuado.
Un evento negativo en una zona vulnerable produce un desastre natural. Se pueden diferenciar distintos tipos de vulnerabilidad según el área en que se desarrolla, como la vulnerabilidad social, que se refiere a un grado deficiente de organización y cohesión interna en una comunidad, que no le permite prevenir o responder eficazmente a las situaciones de riesgo, o la vulnerabilidad física, que se trata de la ubicación de poblaciones en zonas donde existe riesgo físico por motivos de infraestructura, falta de servicios o condiciones ambientales. También existen la vulnerabilidad económica, la vulnerabilidad educativa, la vulnerabilidad ecológica, la vulnerabilidad cultural y la vulnerabilidad política, cada una con sus propias características y factores que influyen en la exposición a los riesgos.