Esta es la mejor muestra de nuestra vulnerabilidad emocional. Esa odisea que nos impide decir no por miedo a las consecuencias y no saber responder, que no nos deja sacar de nuestras vidas lo que nos hace daño, que nos hace dependientes emocionales. Taparnos los ojos con una venda para esconder nuestros estados negativos, solo contribuirá a aumentar más nuestra vulnerabilidad. Afrontar los problemas, por muy duro que parezca, nos irán fortaleciendo y, de esta forma, nuestra vulnerabilidad irá desapareciendo.
Ser catastrofista: recibir una crítica no quiere decir que te odie o que no valgas para nada. Además, tu valía personal no depende de lo que los demás piensen de ti. La tendencia a minimizar tus problemas, derechos o preferencias. No nos atrevemos a decir no por miedo a cómo le siente a la otra persona y por la ansiedad que nos genera defender nuestras preferencias.
Necesitas la aprobación de los demás. No necesitas la aprobación de los demás, es imposible e innecesario gustar a todo el mundo. Primero eres tú. Eres realista con lo que te propones. No puedes esperar gustar a todo el mundo ni ser el mejor en todo.
Sobre todo, procura preferir en vez de exigir. Aceptar tus limitaciones es imprescindible para desarrollar tu potencial y dejar atrás la vulnerabilidad emocional. Y también debes mantener una actitud de preferencia respecto al otro, es decir, renuncia a cambiar a los demás, acéptalos incondicionalmente.
Además de ello, piensa en primer lugar en ti mismo y sé tolerante, contigo y con los demás. Errar es humano. Y no dejes de ser flexible y no rígido en tus quehaceres. Otro consejo: sé responsable de lo que piensas, sientes y haces pero no culpable, pues hacerlo así solo te resta posibilidad de cambiarlo. Es indispensable ser conscientes de la relación entre nuestros pensamientos, emociones y acciones para conseguir desarrollar la tan ansiada inteligencia emocional.