Centrarte en los pensamientos positivos y dejar de lado lo negativo te ayudará a alcanzar esa tranquilidad que deseas y te permitirá vivir de forma mucho más relajada. Trabajar en esos momentos en los que voluntariamente se frena la acción puede ayudar a aliviar las nefastas consecuencias que esta vida frenética puede ocasionar. Algunos hábitos pueden contribuir al logro de la tranquilidad que deseas, aunque la vida sea complicada y abrume con los problemas. Meditar conduce a una isla de armonía que permitirá transformar gradualmente la vida interior y encontrar la paz. Para meditar no es necesario leer a Buda ni al Dalai Lama ni a ningún otro guía espiritual. En primer lugar, siéntate cómodamente, con la espalda derecha y las piernas flexionadas. Puedes hacerlo en el piso o en una silla. A continuación, cierra los ojos y atiende exclusivamente a la respiración. Después, ve tomando conciencia de que el aire ingresa al cuerpo, permanece y sale. Por último, vacía la mente de todo pensamiento. Si alguna idea o problema la ocupa, redobla los esfuerzos de concentración en la respiración. Visualiza cada parte del cuerpo y siente cómo se relaja. Cada músculo se irá aflojando, desde la cabeza hasta los pies. Repite mentalmente “Estoy tranquilo”, de modo que este pensamiento se instale en tu mente. Estos ejercicios son de ayuda para que el cuerpo se habrá relaje y la mente quede libre de presiones. Es posible realizar estos momentos de meditación en el lugar en el que la persona se encuentre: en su hora de descanso en el trabajo, mientras viaja en un bus, en su casa por la mañana o por la noche. Cuando retome la actividad, seguramente notará un gran alivio en sus tensiones que le permitirá afrontar sus tareas con energía renovada y mucha calma. Está comprobado que el cuerpo reacciona ante lo imaginado como si fuera real. Por tanto, para contribuir a la tranquilidad que deseas, visualiza una imagen que te aporte tranquilidad, viviendo esa paz que anhelas. Esa será la imagen ideal en la que te focalizarás. Especialmente en momentos de agitación, cuando sientas que ya no puedes con la situación. Se creará un paisaje interno en el que tendrás la tranquilidad que deseas. Y la mente y el cuerpo se acostumbrarán a esa tranquilidad, y la trasladarán poco a poco a distintos ámbitos de la vida. El ejercicio mejora el estado de ánimo, pues provoca la liberación de endorfinas, que tienen mucho que ver con este. No se necesitan instalaciones especiales. Basta con caminar durante 45 minutos cada día o correr algunas veces por semana, por ejemplo. La mente y el cuerpo experimentarán sensación de bienestar. Exponerse moderadamente a los efectos de la luz solar también puede ser de ayuda para lograr esa sensación de tranquilidad que deseas en tu vida. Realizar actividades al aire libre también puede ser positivo.