Con frecuencia juzgamos la autenticidad de una persona por la pasión y compromiso que tiene hacia lo que dice y hace. La autenticidad es más que cuando alguien cree en lo que dice o actúa de una manera consistente con sus creencias. La parte más importante de la cuestión de la autenticidad es observar el carácter de una persona. ¿Qué hay detrás de lo que dice? Los psicólogos humanistas dirían que, por definición, las personas auténticas poseen cierta cantidad de características en común que muestran que son psicológicamente maduras y completamente funcionales como seres humanos. Tienen percepciones realistas de la realidad. Se aceptan a sí mismas y a los demás. Son consideradas. Tienen un sentido del humor que no es hostil. Son capaces de expresar sus emociones con libertad y claridad. Están abiertas a aprender de sus errores. Entienden sus motivaciones. Esto es lo que significa ser fiel a uno mismo. La autenticidad se trata, a fin de cuentas, de esas cualidades que muestran un funcionamiento saludable y no defensivo y madurez psicológica. Esas son las cualidades que necesitamos buscar. Si detrás de lo que una persona dice o hace hay un enfoque defensivo y autoengañoso, entonces no importa qué tan apasionada o comprometida esté con una causa, a fin de cuentas no están siendo sincera consigo misma.