La mente tiene una extraña forma de funcionar, como si estuvieras en arenas movedizas. Cuanto más te agitas, más te absorben. Por eso, luchar contra tus pensamientos no es una herramienta útil para poder vencer tus temores. Al revés. Cuanto más tratas de expulsar tus pensamientos, de querer dejar de pensar en ellos, de razonarlos, juzgarlos y buscar la paz con contraargumentos, más se incrementan. La serenidad mental pasa por aceptarlos. Aceptar los pensamientos no significa que aceptes que tus miedos vayan a ocurrir, solo aceptas que tienes un pensamiento que dice que tienes miedo. Dice el psicólogo Wegner, profesor de psicología de la Universidad de Harvard, que la manera de dejar de pensar es dejar de controlar el pensamiento. Y entonces el pensamiento deja de controlarte a ti. Aceptar implica no hablar con ellos, ignorarlos, como lo harías con alguien que no deja de darte la lata por WhatsApp. Dejarías de contestarle a los mensajes porque cada vez que lo haces le das alas para seguir hablando contigo. Pues con tu mente ocurre lo mismo. Cada vez que dialogas con tus miedos, les das alas, se crecen, se vienen arriba y no te dejan en paz. No tienes por qué atenderlos, no necesitan tu atención. Solo trata de observarlos, con curiosidad, fíjate en lo que te hacen sentir, pero sin juzgar lo que está pasando. Déjalos estar. No luches más. No aceptamos el contenido, solo aceptamos que tenemos pensamientos.