Respiración diafragmática.
Si haces yoga, este método de relajación te resultará familiar.
En la respiración diafragmática colocaremos una mano en el pecho y otra en el abdomen.
Después inspiraremos profundamente por la nariz, procurando inflar el abdomen y que la mano que está en el pecho no se levante.
Mantendremos el aire en la tripa un par de segundos y luego lo iremos expulsando muy lentamente por la boca.
Este tipo de respiración favorece el control del sistema parasimpático y la bajada de las pulsaciones, por lo que vendrá muy bien practicarla e intentar automatizarla a las personas que sufran de ansiedad.
Respiración para la ira.
También existe un tipo de respiración especialmente indicada para las personas que sufren de ataques de ira y que consiste en centrarnos en la exhalación, ya que esta acción sirve para liberar presión y energía.
En este caso, inhalaremos de forma normal pero exhalaremos con fuerza alargando la acción todo lo posible.
Relajación muscular progresiva de Jacobson.
Se trata también de una técnica muy común y sencilla de practicar por tu cuenta, de la que podrás encontrar gran cantidad de vídeos tutoriales en Internet.
En este caso se combinan la respiración con un ejercicio de tensión y relajación muscular.
En primer lugar, nos colocaremos con los ojos cerrados en una postura cómoda, ya sea sentados o tumbados.
Mientras respiramos regularmente, iremos tensando y relajando los distintos grupos musculares desde las extremidades hacia el centro del cuerpo.
Por cada segundo que mantengamos un músculo en tensión debemos dejarlo relajarse otros tres, por ejemplo, 3 segundos de tensión y 9 de relajación, o 10 de tensión y 30 de relajación.
Es un buen ejercicio para realizar antes de irnos a dormir ya que nos ayuda a liberarnos del estrés y la tensión del día.
Meditación.
La meditación no solo nos ayuda a relajarnos sino también a controlar los pensamientos que acuden desordenadamente a nuestra cabeza y a concentrarnos.
También se ha demostrado que sirve para aumentar nuestra capacidad intelectual y para retrasar los efectos del envejecimiento en nuestra capacidad cognitiva.
Para comenzar a practicarla se recomienda hacerlo con una persona experimentada que sirva de guía para la actividad.
Si no tienes tiempo de acudir a un centro de meditación, existen aplicaciones y cursos online que te ayudarán a iniciarte en esta técnica.
Restricción cognitiva.
Es una técnica básica de la terapia cognitivo-conductual que busca identificar y corregir los patrones de pensamiento negativo.
Es decir, hacernos conscientes de que lo que nos provoca malestar no son los hechos en sí sino la interpretación que hacemos de ellos y obligarnos a introducir otras interpretaciones que nos hagan sentir mejor hasta que se conviertan en una respuesta automática.
Por ejemplo, cuando tu jefe no está muy hablador un día y tú tiendes a pensar que es porque has hecho algo mal y eso te produce ansiedad.
Si en lugar de eso te planteas que ese día tu jefe tiene demasiado trabajo y está concentrado, su silencio no te hará ningún daño.