Romper con el aislamiento es una decisión saludable. No tenemos por qué convertirnos en el “alma de la fiesta” o en la “alegría del huerto”, ni nada por el estilo. Basta solo con salir de esa burbuja, o de ese caparazón, en el que por diversas razones terminamos sumergidos.
Es importante precisar si la soledad aporta elementos positivos a la vida o más bien se trata de una forma de autoexcluirse.
Si una persona quiere romper con el aislamiento, recuperar ciertos gustos y aficiones podría convertirse en un excelente punto de partida.
Es posible que sea buena idea comenzar a reconectarse con todo esto a través de internet.
Los espacios virtuales no son una solución suficiente para romper con el aislamiento.
Como primer paso está bien, pero lo ideal es que esto sirva de motivación para tomar un curso o vincularse a un grupo presencial.
Es casi seguro que la mayoría de las personas tienen a alguien que en algún momento de la vida ha sido cercano.
Muchas veces, el ritmo de la vida hace que se dejen familiares o amistades atrás, cuando en realidad nunca hubo un motivo de peso para hacerlo.
Es muy probable que valga la pena tratar de aproximarse a esas personas y recuperar esos contactos.
Es muy frecuente que el aislamiento se convierta en un círculo vicioso.
Cuanto más aislada está una persona, menos motivada se siente a establecer vínculos con otros.
Y cuanto menos establece, más aislada se torna.
Por eso, a veces hay que forzar un poco las circunstancias, sin llegar a extremos.
En esto hay que ser flexibles y tolerantes.
No se debe esperar que la asistencia a un encuentro social sea un sueño realizado que termina cuando los globos se elevan y cae una lluvia de chispas de felicidad.
Lo más probable es que no sea fácil, pero sí es un paso muy importante para romper el círculo de aislamiento.
Cuando uno se ha habituado al aislamiento, quedar con otras personas no es fácil, pero sí necesario.
Muchas veces la resistencia a entrar en contacto con otras personas obedece a una falta de entrenamiento que permita participar de una forma más activa en las conversaciones, sin perder la autenticidad.
La clave está en desarrollar la asertividad.
Romper con el aislamiento es una tarea posible y quizás menos difícil de lo que puede parecer en un primer momento.
Vale la pena porque enriquece la vida y fortalece la salud mental.